Los primeros 90 días con una comunidad nueva

En resumen
Lo más importante
Captar una comunidad es el principio, no el objetivo. La comunidad que llevas diez años gestionando bien tiene un coste de adquisición amortizado en cero. La que captas este mes y pierdes en la primera renovación tiene un coste doble: el de captarla y el de haberla perdido. Los primeros 90 días determinan cuál de las dos va a ser.
Los primeros siete días: visibilidad antes que gestión
El mayor error en los primeros días es desaparecer después de la junta en la que te aprobaron. La comunidad acaba de votar a tu favor, hay expectativa, y lo que perciben en los días siguientes ancla cómo van a verte durante meses.
Lo que tiene que pasar en la primera semana:
Envía una comunicación breve al presidente confirmando que has tomado posesión, cuál es el canal de contacto para el día a día, y cuál es el siguiente paso concreto que vas a hacer. No un email corporativo — algo directo y personal.
Solicita al administrador anterior toda la documentación: libro de actas, cuentas del ejercicio, contratos con proveedores, estado de morosos, póliza de seguro. Hazlo por escrito y con fecha, porque si hay resistencia o documentación incompleta necesitas el registro.
Haz la primera visita a la finca con el presidente. No para auditar a fondo — para presentarte, ver el estado general de las instalaciones, y escuchar cuáles son los problemas que el presidente considera más urgentes. Esa conversación vale más que cualquier informe que puedas recibir del anterior administrador.
El primer mes: resolver lo más visible rápido
En toda comunidad hay problemas que el administrador anterior dejó pendientes o que simplemente llevaban tiempo sin resolverse. Algunos son urgentes (seguro caducado, avería en instalación común, moroso con deuda importante). Otros son crónicos pero no urgentes.
Resuelve uno de los problemas visibles en el primer mes. No necesita ser el más importante — necesita ser el que el presidente o los vecinos más activos perciban como una mejora respecto a antes. Una bombería reparada que llevaba meses, una gestión de morosidad que se había estancado, o una factura de proveedor que nadie había revisado bien.
Ese primer resultado visible establece que las cosas van a ser distintas. Es más poderoso que cualquier presentación o promesa que puedas hacer.
Paralelamente, revisa todos los contratos con proveedores. Fechas de vencimiento, condiciones, si hay contratos que no han sido renovados. No tienes que cambiarlo todo ni renegociarlo todo de golpe, pero necesitas saber qué hay antes de que algo venza sin que te hayas enterado.
El mes dos y tres: construir la rutina
Los primeros 30 días son reactivos — resuelves lo urgente y te presentas. Los meses dos y tres son donde estableces cómo va a funcionar la relación de forma continua.
Establece tu ritmo de comunicación. ¿Cada cuánto envías un resumen de incidencias abiertas y resueltas? ¿Cómo comunicas las gestiones en curso? ¿Qué tipo de actualizaciones recibe el presidente sin tener que preguntar? Este ritmo no tiene que ser diario ni exhaustivo — tiene que ser predecible. Un presidente que sabe cuándo va a recibir información no necesita perseguirte para pedirla.
Prepara el presupuesto anual con suficiente antelación. Si has llegado a mitad de ejercicio, ya tienes que estar pensando en el presupuesto del siguiente. Una propuesta de presupuesto bien trabajada — con comparativa respecto al año anterior y justificación de los cambios — establece tu credibilidad en la gestión económica mejor que cualquier otra cosa.
Resuelve las incidencias con comunicación de seguimiento. No solo "llamé al fontanero" — "llamé al fontanero, vino el martes, el problema está resuelto, aquí está la factura". El seguimiento cierra el ciclo y demuestra control.
Al llegar a los 90 días: consolida lo que funciona
Al final de los tres primeros meses tienes suficiente información sobre cómo funciona la comunidad: qué propietarios son más activos, dónde están los problemas recurrentes, qué estaba mal gestionado antes, cuáles son las expectativas reales del presidente.
Una conversación directa con el presidente en torno a ese momento — no necesariamente formal, puede ser una llamada — cumple dos funciones. La primera es saber cómo está valorando el cambio. La segunda es ajustar lo que no esté funcionando antes de que se convierta en insatisfacción.
Los presidentes raramente se quejan hasta que ya están en proceso de buscar alternativas. Una conversación proactiva a los 90 días abre el canal para que expresen dudas o sugerencias antes de que lleguen a ese punto.
La pregunta más útil no es "¿estás contento con el servicio?" — a esa pregunta casi nadie contesta honestamente. La pregunta más útil es "¿hay algo en cómo estamos trabajando que podría funcionar mejor para vuestra comunidad?" Eso invita a una respuesta concreta.
Si estás en la fase previa — buscando esas comunidades nuevas que llegarán a estos 90 días — la guía de captación cubre los canales que más funcionan. Y si lo que tienes delante es una comunidad que viene de una mala experiencia con su anterior administrador, esta guía explica qué espera encontrar diferente.
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